Balance del Grupo Municipal de IU de los dos primeros años del gobierno del PP

La materialización de un gran fraude político y democrático

Del Proyecto, Plazo y Presupuesto a los Recortes, Retrocesos y Revanchismo

Índice:

  1. Zoido: La materialización de un gran fraude político y democrático
  2. Del “alcalde del empleo” al del paro
  3. Recetas fiscales y presupuestarias ajenas a la situación de emergencia social
  4. De espaldas al problema de la vivienda
  5. En marcha la subversión del PGOU
  6. La participación ciudadana en franco declive
  7. Sevilla necesita un cambio de rumbo urgente

1. Zoido: La materialización de un gran fraude político y democrático

Este 22 de mayo se cumplen dos años desde que el PP ganó las elecciones municipales en Sevilla, abriéndose paso un nuevo y nefasto tiempo político en la ciudad que ha estado marcado por el claro empeoramiento de la calidad de vida de la mayoría de los sevillanos, por la destrucción de empleo permanente y por una brutal involución en términos económicos, sociales, medioambientales, culturales e incluso democráticos.

Hoy, 24 meses después del arrollador triunfo electoral del señor Zoido, Sevilla se encuentra mucho peor a todos los niveles, se mire el indicador que se quiera mirar. Hay más paro que entonces, hay más desigualdad, hay más problemas de vivienda, hay más impuestos que pagar y, por supuesto, hay menos políticas sociales, hay menos calidad democrática y hay menos transparencia en la gestión municipal.

La ciudad que iba a funcionar como un reloj sufre una parálisis absoluta, mientras que el Gobierno local del PP sigue como el primer día: eludiendo todo tipo de responsabilidades y mostrándose ajeno a la dramática situación de emergencia social en la que estamos inmersos. Nuestro balance, por tanto, no puede ser más desolador y más desesperanzador a la vista de los acontecimientos transcurridos.

Si hace doce meses, desde IU caracterizábamos el primer año de gobierno de la derecha como el de las tres “r”, es decir, el de los recortes, los retrocesos y el revanchismo, hoy, en el ecuador del mandato corporativo, estamos ya en condiciones de constatar el monumental fraude político y electoral cometido por el PP y, en especial, por el señor Zoido. ¿O cómo calificar, si no, estos dos años de mentiras y de engaños masivos?

Porque aquel 22 de mayo de 2011, en Sevilla, al igual que ocurrió en el conjunto del país unos meses más tarde, los ciudadanos fueron a votar atraídos por unas promesas que luego no es que no se hayan cumplido, que también, es que, en muchos casos, el Partido Popular ha hecho justo lo contrario a lo ofrecido en periodo electoral.

Un breve repaso por los mantras y eslóganes más repetidos por Zoido en la oposición y durante la campaña, que le reportaron el respaldo de miles de vecinos en las urnas, confiados en las bondades de su proyecto, y que, a fin de cuentas, le auparon a la Alcaldía, nos permite conocer con más detalle este gran fiasco al que nos referimos.

  1. Del autoproclamado “alcalde del empleo” hemos pasado al del paro, pues Sevilla cuenta en estos momentos con 13.000 desempleados más que cuando Zoido empezó a ejercer como alcalde. Primer mito derribado, que no es poco.
  2. Del alcalde que iba a bajar los impuestos a los sevillanos no queda tampoco nada, pues en estos dos años se ha aplicado un aumento desproporcionado de la presión fiscal, que sólo ha servido para asfixiar más si cabe a los ciudadanos.
  3. Tampoco ha sido Zoido el alcalde de la vivienda. Y es que no sólo no hemos visto ninguna de las 1.000 VPO que iba a construir al año, sino que ha paralizado por completo la actividad de Emvisesa, actualmente en proceso de desmantelamiento, y se ha mostrado insensible ante el drama de los desahucios.
  4. Del “alcalde del diálogo y del consenso” hemos devenido en el de la imposición y en el de la unilateralidad por bandera. Llevamos dos años de rodillo en los plenos, de rechazo a cualquier propuesta procedente de la oposición, de ninguneo constante a los agentes sociales y económicos, etcétera.
  5. Por otro lado, el autotitulado “alcalde de la luz y los taquígrafos” se ha convertido en el de la opacidad. Y no lo decimos nosotros, sino la propia organización Transparencia Internacional, que en su último informe advertía de la profunda regresión producida con Zoido en esta materia, habiendo pasado el Ayuntamiento de ser el séptimo más transparente en un ranking de 110 municipios españoles, con el anterior Gobierno, a despeñarse hasta el puesto 80 en la clasificación.
  6. La austeridad prometida también brilla por su ausencia. Zoido solía decir en campaña que sus concejales llegarían “comidos y viajados” al Consistorio y que no habría ninguna salida al exterior de la que no se informase previamente. Pero durante su mandato se han multiplicado los desplazamientos de sus ediles y de él mismo por la geografía española y por el extranjero, sin que se haya dado cuenta a nadie de los motivos, ni del gasto ni de los frutos de tales escapadas.
  7. Otro de los compromisos estrellas del señor Zoido fue su apuesta por los funcionarios del Ayuntamiento. Pero quien tanto pregonó el fin del enchufismo, si salía elegido alcalde, ha colocado a docenas de militantes y allegados del PP en los talleres socioculturales de distrito y ha superado ya el número de cargos de confianza que tenía contratados el Gobierno local anterior.
  8. Además, el alcalde que iba a defender el deporte de base en Sevilla ha sido, sin embargo, quien está promoviendo su privatización con el objetivo de hacer negocio a costa de los programas y del uso de las instalaciones municipales.
  9. Tampoco se ha acometido la descentralización anunciada en los distritos. Muy al contrario, asistimos a un abandono de los barrios por parte del PP y a un preocupante deterioro democrático en el funcionamiento de las Juntas Municipales.
  10. Pero si hay un mito que describe a la perfección la falsedad que encierra todo el discurso del alcalde, ése es, sin duda, el de que iba a dedicarse las 24 horas del día a los problemas de los sevillanos. Como mucho, Zoido ha sido un buen concejal de Fiestas Mayores, porque saraos, festejos y actos sociales no se ha perdido casi ninguno. Pero, para lo demás, ni está ni se le espera.

Por más que lo niegue, sus aspiraciones políticas ya no tienen que ver con Sevilla y eso se nota tanto en su agenda como en el día a día, donde cada vez resulta más evidente y escandaloso la ausencia de un alcalde, a quien sólo le interesa la ciudad para confrontar con la Junta de Andalucía y que, con la que está cayendo, sigue completamente de perfil, cuando no desaparecido.

2. Del “alcalde del empleo” al del paro

En junio de 2011, cuando el PP comenzó a gobernar la ciudad, Sevilla contaba con 77.079 parados. Un año después, la cifra había ascendido a 85.852 y actualmente rozamos los 90.000. He ahí un primer dato objetivo de lo que ha supuesto la gestión municipal de la derecha: Con Zoido como alcalde la lacra del desempleo se ha incrementado en unas 13.000 personas, registrándose una subida porcentual del 15%.

Este hecho es ya de por sí bastante grave. Pero la situación se torna todavía más gris y alarmante si a ello sumamos el total desinterés del Gobierno local por revertir esta tendencia tan sombría. Porque si algo ha quedado claro en el periodo transcurrido hasta la fecha es la renuncia expresa del PP a combatir, con todos los medios a su alcance, el que es, sin lugar a dudas, el principal problema de los sevillanos en estos momentos.

Resulta inconcebible que, en este contexto de crisis y de emergencia social, el Gobierno de Zoido haya sido incapaz de impulsar una sola iniciativa dirigida a frenar esta hemorragia laboral. Y, lo que es peor, que haya despreciado, una y otra vez, las numerosas propuestas que desde IU le hemos trasladado para paliar dicho drama, entre las que cabe destacar la puesta en marcha de un plan de choque urgente contra el paro, centrado en la contratación de desempleados de larga de duración que han agotado todas sus prestaciones y cuyo nivel de ingresos ni siquiera alcanza los mínimos para vivir.

Como botón de muestra de esta inaceptable desidia, apatía e inactividad basta indicar que el Gobierno sólo ha llevado un punto relacionado con el empleo a los sucesivos plenos que se han celebrado en el Ayuntamiento a lo largo de este último año.

Si a eso encima añadimos que el punto en cuestión tenía que ver con la modificación de los reglamentos de Mercasevilla, o sea, con una privatización que conllevará la destrucción de cien puestos de trabajo, pues ya podemos hacernos una idea de la importancia que la derecha le confiere al tema del empleo. El PP ha pasado de ser el partido de las promesas al partido del paro.

En paralelo, asistimos a un relajamiento inaudito del Ayuntamiento a la hora de demandar el cumplimiento de los contratos asignados a concesionarias externas. Así, el Gobierno de Zoido ha mirado hacia otro lado ante cada agresión social o salarial que éstas han perpetrado contra sus empleados (trabajadoras del servicio de ayuda a domicilio, monitores de las piscinas municipales, de los talleres socioculturales de distrito…), cuando no las ha respaldado directamente.

Desde Izquierda Unida hemos propuesto la creación de un Observatorio de la Contratación con el fin de reforzar la vigilancia de los servicios públicos que dependen del Consistorio e impedir la precarización del personal que lo presta, pero el PP ha despachado nuestra iniciativa sin ni siquiera estudiarla.

Mientras tanto, en este último año se ha disparado hasta extremos desconocidos la conflictividad laboral en el Ayuntamiento, cuyas políticas han puesto en pie de guerra a las distintas plantillas municipales en reiteradas ocasiones. Operarios de la limpieza, trabajadores sociales, de los servicios de formación y empleo, del cementerio, inspectores del Zoosanitario y de Medio Ambiente, bomberos, policías, empleados de Mercasevilla, jubilados municipales y hasta los músicos de la Orquesta Sinfónica se han movilizado en estos dos años contra los recortes, despidos y mentiras del PP.

En este sentido, conviene recordar que la gran cuota de responsabilidad que el Gobierno local arrastra en el referido incremento del desempleo no se debe sólo y exclusivamente a su lamentable inacción, sino también a sus propias intervenciones y decisiones.

Y es que Zoido no sólo se ha negado a impulsar medidas contra el paro, sino que encima ha desmantelado buena parte de las políticas activas de empleo del Ayuntamiento; ha eliminado (talleres prelaborales) o paralizado (talleres de empleo, Andalucía Orienta, Redes…) dispositivos de inserción sociolaboral; ha cerrado los centros de formación permanente construidos por el Gobierno anterior; y ha quebrado alianzas y canales de entendimiento con los agentes sociales y económicos.

Pero es que, por si fuera poco, el Gobierno local del PP se ha convertido, además, en una máquina de generar parados dentro del propio Ayuntamiento y de sus empresas municipales, ya sea a través de despidos puros y duros (recuérdese Emvisesa, Lipasam, IMD…), ya sea a través de amortizaciones de plazas, de no cubrir bajas, de no renovar contratos o de aplicar recortes salariales y reducciones de la jornada laboral.

Capítulo aparte merece, desde luego, el cierre de Sevilla Global. Con esta medida, el PP, además de mandar al paro a cerca de 50 trabajadores, suprime un instrumento local que, durante años, se había revelado como útil y eficaz para los emprendedores y para la revitalización de los espacios empresariales de la ciudad. Por eso, su eliminación se antoja incomprensible en estos tiempos de crisis económica.

Pero no acaban aquí las gestas de quién en campaña osaba llamarse a sí mismo “el alcalde del empleo” y que, sin embargo, pasará a la historia también por haber disuelto la televisión municipal, dejando en la calle a otros 50 trabajadores, entre empleados de la plantilla y los que pertenecían a productoras contratadas por la cadena pública.

Esta era la hoja de ruta oculta que el PP nunca desveló en la oposición ni durante la campaña y que, en este ecuador de mandato, se va vislumbrando ya con más nitidez. Una estrategia que, aunque Zoido siempre lo negó, incluía además la privatización de servicios y empresas públicas como la de Mercasevilla, cuyo proceso ya se ha iniciado y, si no lo evitamos, se saldará con el despido de un centenar de trabajadores y el empeoramiento de la calidad del servicio que se presta en esta lonja.

En definitiva, en materia de empleo Zoido ha pasado de prometer la luna a los sevillanos a darles por completo la espalda, escudándose para ello unas veces en una falta de competencias de la que antes nunca habló y otras en la Junta de Andalucía.

Y lo que es mucho más grave: pese a su rotundo fracaso en la lucha contra el paro, el PP aún tiene la desfachatez de atreverse a vender hoy la creación de 46.000 puestos de trabajo a costa de otras administraciones públicas. Y no sólo eso, sino que condiciona la aprobación de cualquier plan de empleo a que la Junta se salte la legalidad y acepte modificar el PGOU a fin de que el Gobierno local pueda vender la antigua comisaría de la Gavidia, incurriendo así en un chantaje impresentable y utilizando a los parados sevillanos como rehenes para mutar el suelo en un factor de negocio.

3. Recetas fiscales y presupuestarias ajenas a la situación de emergencia social

Lejos de reconducir el rumbo de la política fiscal iniciada al principio del mandato, por segundo año consecutivo el PP ha vuelto a castigar a los sevillanos con una desorbitada subida de impuestos, haciendo gala de su voracidad recaudatoria y certificando el fraude político que cada vez representa para más gente.

Quien tanto prometió en la oposición y en campaña que rebajaría la presión fiscal, no sólo ha establecido un incremento sustancial en la mayoría de tasas y precios públicos, especialmente de aquellos vinculados a servicios esenciales como la recogida de basuras y el transporte urbano o el uso de las instalaciones deportivas, sino que, además, ha creado decenas de nuevas figuras impositivas, de distinto cuño, cuya aplicación está suponiendo la puntilla para las economías de bastantes familias sevillanas.

En cuanto a las multas, el PP desecha el enfoque preventivo y disuasorio que caracterizó al modelo de seguridad del Gobierno local anterior y se decanta exclusivamente por la vía de sangrar al ciudadano, boletín en mano. Tanto es así que sólo en concepto de infracciones de tráfico pretende ingresar más de 25,5 millones de euros en 2013.

Desde Izquierda Unida advertimos de que estas medidas no eran las adecuadas para reactivar la actividad económica en la ciudad y aportamos una treintena de alegaciones que, en líneas generales, ponían el acento en criterios de redistribución de renta (que pague más quien más tiene), de justicia social y de carácter medioambiental. Todo ello con el objetivo de generar empleo y de garantizar los recursos imprescindibles para lograr unos servicios públicos de calidad. Pero fueron tumbadas una detrás de otra.

Y algo parecido ha ocurrido con los segundos presupuestos de la era Zoido, unas cuentas que, como ya avisamos, no están sirviendo para afrontar la crisis ni tampoco para ofrecer respuestas a los grandes problemas de los sevillanos, ya que en ellas se priorizaba el pago de la deuda a los bancos, mientras se insistía en la contención del gasto público y en la reducción de las inversiones a la mínima expresión.

Las consecuencias de estas recetas neoliberales la estamos sufriendo diariamente en forma de más paro, más desigualdad, más pobreza y más exclusión social.

Ausencia de planes de empleo y recortes en los programas de inserción sociolaboral; notable jibarización del papel a desempeñar por la empresa municipal de vivienda (Emvisesa), abocándola a su disolución precisamente cuando más falta hace; renuncia del Consistorio a apostar por las políticas sociales y de atención a las personas desfavorecidas o a los colectivos más vulnerables; y ostensibles disminuciones de partidas relacionadas con el bienestar comunitario (-9,7%), la movilidad (-7%), o el fomento del deporte de base (-17,2%) son algunos de los hitos del actual presupuesto.

Y no sólo se trata de unas cuentas carentes de sensibilidad social y ajenas por completo a la dramática situación que atravesamos, sino que, para más inri, son irreales, inviables y muy poco creíbles a tenor de las continuas modificaciones presupuestarias que el Ejecutivo local lleva ya aprobadas. Entre éstas, sobresale, por cierto, el desvío de 29 millones de euros para asegurar la conexión de la ronda urbana SE-35 con la nueva tienda proyectada por la multinacional Ikea en los terrenos de San Nicolás Oeste, sacrificando para ello actuaciones previstas en barrios como Torreblanca, Palmete o Alcosa. He ahí un ejemplo ilustrativo de cuáles son las prioridades de este Gobierno.

Tampoco en esta ocasión fueron bien acogidas nuestras alternativas, plasmadas y ordenadas esta vez en torno a una enmienda a la totalidad, en virtud de la cual solicitábamos al PP la retirada del presupuesto y la apertura de un proceso de diálogo con la oposición y los agentes sociales destinado a conciliar unas cuentas municipales acordes a la realidad de la ciudad y útiles para la mayoría social.

Y es que, otra cosa no, pero en materia impositiva y presupuestaria el PP ha conseguido el mayor de los consensos posibles, cosechando un insólito y unánime acuerdo de todo el espectro social y económico de la ciudad, que ha cerrado filas y que se ha posicionado rotundamente en contra tanto de sus propuestas fiscales como de sus cuentas municipales, como pudo comprobarse en los dos demoledores informes del CESS (Consejo Económico y Social de Sevilla) emitidos al respecto.

Por otro lado, este segundo año hemos seguido soportando los funestos frutos de aquel Plan de Ajuste impuesto por Zoido en abril de 2012 y que, además de lastrar la política local durante los próximos diez años, está provocando una importante destrucción de empleo (directo e indirecto), a lo que hay que sumar el deterioro de los servicios públicos, la ya mencionada y desaforada subida de impuestos, un evidente empeoramiento de las condiciones laborales y sociales de los trabajadores del Ayuntamiento y un debilitamiento progresivo del tejido asociativo de la ciudad.

Para colmo, el famoso plan de pago a proveedores del que tanto ha venido presumiendo el Gobierno local no parece que esté resultando todo lo efectivo que se nos vendió, pues, tal y como ha reconocido el propio interventor del Consistorio, con el PP se ha duplicado el plazo de tardanza a la hora de abonar este tipo de facturas, que se acumulan por miles en los cajones del Ayuntamiento.

El de la eficacia del PP en la gestión es, por tanto, otro mito que se derrumba irremediablemente, al igual que ya sucediera con el de la austeridad. Un mantra, este último, que ya no se sostiene de ninguna forma a la luz de los numerosos viajes que muchos concejales, con el alcalde a la cabeza, han protagonizado a cargo del erario público por medio mundo (Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Japón…); o a la luz de la deuda superior al millón de euros que tendremos que pagar entre todos por la decisión de acoger la Copa Davis en unas condiciones tan leoninas para la ciudad; o a la luz del dinero consignado para el último alumbrado navideño y el mapping; o a la luz de la compra de azulejos para la zapata de Triana (¿qué habrá sido de ellos?); o a la luz del ejército de cargos de confianza que Zoido ha contratado en el Ayuntamiento, al mismo tiempo que despide, recorta salarios y privatiza empresas públicas.

4. De espaldas al problema de la vivienda

En estos dos años hemos asistido a la defunción definitiva de las políticas de solidaridad que el Gobierno local anterior, de la mano de Izquierda Unida, había implementado en la capital hispalense a través de multitud de medidas, entre las que despuntaban, por ejemplo, la constitución de un Parque Social de Vivienda y la puesta en marcha de una Oficina de Atención al Inquilino en Situación de Abuso (Otainsa), herramientas que, cabe recordar, el PP erradicó nada más comenzar el mandato.

Pues bien, no conforme con este retroceso indiscutible en materia de vivienda, tras estos primeros pasos, Zoido ha colocado en su punto de mira a Emvisesa. Esta empresa municipal no sólo no ha construido ninguno de los 1.000 pisos protegidos prometidos por el alcalde en campaña electoral, abandonando así a su suerte a los más de 15.000 demandantes de VPO que en estos momentos hay contabilizados en Sevilla, sino que en la actualidad se halla prácticamente en vías de extinción.

En este tiempo también hemos conocido la tremenda insensibilidad del PP ante el drama de los desahucios y hemos sabido del acoso de Emvisesa –mediante cartas y llamadas telefónicas amenazantes– a aquellos inquilinos que más dificultades económicas tienen en esta época de crisis para poder hacer frente a los alquileres de sus respectivos pisos.

La negativa del Gobierno municipal a conceder un bien tan preciado y un derecho humano elemental, como es el suministro de agua, a las 36 familias que conforman la Corrala de la Utopía y que desde hace un año permanecen realojadas en un inmueble vacío en San Lázaro, ilustra –de un modo bastante gráfico– lo excesivamente cruel que puede llegar a ser este alcalde con los más necesitados, a la par que nos desvela el verdadero rostro del Partido Popular, que se muestra muy fuerte con los débiles, mientras suele plegarse ante los intereses de los poderosos.

Esta actitud tan indecente contrasta, además, con el hecho de que Emvisesa cuente hoy en día con centenares de pisos públicos desocupados en muchas de sus promociones, la mayoría de ellas ubicadas en barriadas populares con graves problemas de vivienda como Pino Montano, Torreblanca, San Jerónimo o el Polígono Aeropuerto.

No ha de olvidarse tampoco que este año el Gobierno del PP suspendió las condiciones de adjudicación de sus pisos sociales y que seguimos a la espera del nuevo plan de vivienda prometido nada más suprimir el que existía en el mandato anterior.

Si a esto sumamos el último escándalo detectado en una de las promociones municipales de Sevilla Este, donde Emvisesa pretende desalojar, mediante la amenaza y la coacción, a una decena de familias a las que previamente adjudicó sus pisos en régimen de alquiler, alegando una supuesta estafa de la que no aporta ningún dato ni explicación, podemos concluir sin temor a equivocarnos que la política de vivienda del PP en la ciudad supone un auténtico cúmulo de despropósitos.

En resumen, en estos dos años se ha reflejado con crudeza cómo la vivienda ha dejado de ser concebida como un derecho por el Ayuntamiento para pasar a enfocarse únicamente en clave de negocio. Y ello a pesar de que nos encontramos en plena situación de emergencia habitacional.

5. En marcha la subversión del PGOU

Si en el balance que hicimos del primer año de Gobierno de Zoido dábamos cuenta pormenorizadamente de los significativos retrocesos que la ciudad venía experimentando hasta entonces en materia de movilidad sostenible (derogación del Plan Centro sin alternativa, retorno de la zona azul al casco histórico, desmantelamiento de las políticas de fomento de la bicicleta…), en este segundo ejercicio, el PP ha ido un paso más allá, abordando de lleno la subversión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) a fin de acabar con el  modelo de ciudad amable y habitable que este documento amparaba y garantizaba hasta ahora.

Esa y no otra es la principal prioridad del Gobierno de Zoido en la actualidad: alterar un planeamiento urbano que no comparte para recuperar las prácticas del periodo más negro del urbanismo en Sevilla, abriendo las puertas a que sean manos privadas las que se enriquezcan y controlen el crecimiento de la ciudad.

Por todo ello, consideramos fundamental avanzar hacia la conformación de una amplia alianza ciudadana que, a través de la  movilización y de la presión social e institucional, sea capaz de  impedir las diferentes operaciones que el PP está pergeñando para modificar el PGOU y retomar así una política especulativa que creíamos superada, pero que algunos parecen añorar.

Muchos de los proyectos que el Gobierno de Zoido intenta sacar adelante, como la construcción de un parking subterráneo en la Alameda o el establecimiento de una gran superficie comercial en el edificio de La Gavidia (espacio para el que el actual planeamiento contempla un equipamiento público), además de ser ilegales, desvirtúan sustancialmente la esencia y los principios fundamentales del PGOU y podrían ocasionar efectos muy negativos para los intereses generales de la mayoría de los sevillanos. De ahí el rechazo que suscitan entre buena parte de la población.

Así, en este asunto constatamos de nuevo la política de oídos sordos y de hechos consumados del PP que, contrariamente a lo que predica, no tiene en cuenta ni la opinión ni las voces que se oponen a la regresión a la que nos encamina en términos de sostenibilidad.

Asimismo, resulta inexplicable el empecinamiento de Zoido por aplicar una política desfasada y obsoleta, consistente en promover la entrada de más y  más coches en el casco histórico y que sólo trae consigo el colapso del  tráfico, el aumento de la contaminación y el empeoramiento de la calidad de vida de los vecinos.

En lo que a la bicicleta respecta, Sevilla recoge ahora los resultados de una política que muchos entonces no entendieron y que, de manera particular, la derecha y su círculo mediático combatieron expresamente, si bien la perseverancia de IU, en alianza con otros colectivos y sectores sociales, permitió vencer las resistencias existentes, contribuyendo a construir aquello de lo que hoy disfrutamos.

En este contexto hay que enmarcar reconocimientos internacionales tan sobresalientes como el otorgado recientemente por la revista danesa www.copenhagenize.eu, que situaba a Sevilla en el cuarto puesto del ránking de las mejores ciudades del mundo para el uso de la bicicleta.

La prestigiosa publicación valoraba, además, la “transformación histórica y visionaria” impulsada por Izquierda Unida desde el Gobierno municipal anterior en favor de este medio de transporte tan beneficioso para la salud personal y colectiva. Sin embargo, también alertaba que “si Sevilla quiere seguir su ola de éxito en la cultura de la bicicleta, se antoja imprescindible una mayor voluntad política”.

Y es que, como hemos denunciado en reiteradas ocasiones, en estos dos años el Gobierno de Zoido no sólo ha desmontado los instrumentos que nos permitieron llegar a donde hemos llegado, como la Oficina de la Bicicleta, sino que también ha liquidado las políticas de fomento de la bici y muestra muy poco interés tanto por mantener en condiciones óptimas el servicio público de Sevici como por ampliar la red de carriles ciclistas implantada en su día por Izquierda Unida.

Lo más lamentable es que, a pesar de  encontrarnos en la mitad del mandato, continuamos sin saber cuál es el modelo de movilidad para la ciudad de un Gobierno que  hasta ahora, en este ámbito, sólo se ha guiado por el revanchismo, actuando a fuerza de bandazos y al socaire de las exigencias planteadas por algún que otro lobby.

6. La participación ciudadana en franco declive

Dos años después del acceso del PP al Gobierno de la ciudad, confirmamos con pesar la supresión definitiva de los presupuestos participativos, una maravillosa experiencia impulsada en el pasado por IU y que, durante el tiempo que existió, permitió a muchos ciudadanos decidir sobre las inversiones municipales en sus barrios.

El PP siempre ha negado su propósito de destruir esta potente herramienta de democracia directa, pero en la práctica se ha encargado de eliminarla gradualmente. Primero dejó de asumir el compromiso de materializar las propuestas acordadas por los vecinos; después renunció a convocar las asambleas donde se debatían las iniciativas; y, finalmente, optó por no consignar partidas presupuestarias para este cometido.

En estos dos años, el Gobierno de Zoido también ha desactivado los foros infantiles, ha recortado notablemente las ayudas al movimiento asociativo de la ciudad y, en definitiva, ha reducido la participación ciudadana a una mera página web que, por cierto, nos ha costado a los sevillanos más de 230.000 euros y cuya gestión ha sido adjudicada, casualmente, a un medio de comunicación privado afín al PP.

En paralelo a esta realidad, asistimos a un deterioro creciente del funcionamiento democrático de las Juntas Municipales de Distrito, donde los concejales del Partido Popular cada vez ponen más trabas y cortapisas a los debates y a la participación de los ciudadanos, en su condición de delegados, cuando no abusan de su autoridad o hacen gala de sus maneras autoritarias y sectarias a la hora de dirigir los plenos.

Sin duda, estamos en presencia de un vaciamiento de los objetivos y facultades de estos órganos de participación formal.

Tampoco se ha producido en este tiempo la famosa desconcentración prometida en su día por Zoido, quien aseguraba que convertiría a los distritos en “centros de decisión” con más competencias propias, más presupuestos y más funcionarios. Esa aproximación de la administración local a los ciudadanos no sólo no se ha consumado, sino que los barrios están más olvidados y abandonados que nunca por parte del Ayuntamiento.

La deriva seguida en la Oficina del Defensor del Ciudadano, devenida en un apéndice más del PP; las nuevas normas de la Casa Consistorial, con sus absurdas prohibiciones y restricciones en materia de libertades; o el blindaje del Ayuntamiento, con vallas y policías, cada vez que hay prevista una movilización contra el Gobierno local dan sobrada cuenta de esa involución democrática a la que nos referimos.

En este contexto de regresión hay que enmarcar, obviamente, el camino iniciado por el PP para acabar con el modelo de gestión de las instalaciones municipales deportivas, administradas hasta ahora de forma participativa y sin ánimo de lucro por Juntas Rectoras de las entidades deportivas de los barrios, y cederlas, mediante concesión administrativa, al mejor postor.

Se trata, por tanto, de un proceso privatizador mediante el cual el Gobierno de la derecha se propone primar el negocio por encima de los valores educativos y sociales que hasta hoy habían predominado en la práctica del deporte de base en nuestra ciudad.

No cabe duda de que la proclamada “regularización” de las instalaciones deportivas pretendida por el PP, si finalmente se realiza, perjudicará gravemente a los clubes y asociaciones que llevan décadas desarrollando un encomiable trabajo en este ámbito, en pro de empresas, que sólo se guían por pautas y criterios de rentabilidad económica.

Por eso, Izquierda Unida se ha opuesto desde el principio a este planteamiento privatizador que, de terminar imponiéndose, implicará, entre otras cosas, la desaparición de numerosas entidades y el encarecimiento de los precios que hasta ahora se venían cobrando por hacer uso de los centros deportivos. O dicho de una forma más clara: La implantación del modelo del PP supondrá la expulsión de miles de sevillanos y sevillanas de la práctica del deporte de base en nuestra ciudad.

Finalmente, no podemos dejar de subrayar los sustanciales recortes que el Gobierno de Zoido ha venido llevando a cabo estos años en cultura: desde el Teatro de la Maestranza hasta la Real Orquesta Sinfónica, pasando por los diversos festivales que se organizan en Sevilla.

Y a ello hay que sumar la retirada del apoyo a las salas independientes o a eventos ciudadanos masivos en los barrios, como el Carnaval de San Jerónimo, con el argumento de que no hay dinero, aunque luego aparezcan como por arte de magia miles de euros para iniciativas de corte populista del tipo de Operación Talento.

7. Sevilla necesita un cambio de rumbo urgente

Lo expuesto hasta aquí revela la necesidad de afrontar, cuanto antes, un cambio de rumbo urgente en las políticas del Gobierno local, si queremos salir del abismo al que nos dirigimos. El balance realizado en estas páginas certifica el fracaso político de Zoido, al tiempo que evidencia la profunda parálisis en que nos encontramos y –lo más inquietante– la incapacidad del PP para remontar esta situación tan adversa.

Por otro lado, se confirma la ausencia de modelo de ciudad del PP, al que lo único que parece interesarle a estas alturas es adelgazar al máximo la administración local; sacar al mercado el mayor número de servicios públicos, sin importarle lo más mínimo las consecuencias de estas medidas en términos de empleo o de calidad; y utilizar a Sevilla para su confrontación política con el PSOE e IU a nivel andaluz.

No es de extrañar, por tanto, que Zoido siga perdiendo credibilidad a raudales debido a los innumerables recortes laborales y sociales ejecutados desde que asumió el bastón de mando y del sistemático incumplimiento de los compromisos que adquirió para ganar las elecciones. Y eso por no hablar de su permanente dejación de funciones como regidor en pro de sus responsabilidades partidarias y tareas orgánicas.

Porque una ciudad con 90.000 parados, donde cada día hay más familias al borde de la exclusión y sin las necesidades básicas cubiertas, no se merece un alcalde de “bodas, bautizos y comuniones”, que sólo sabe huir de los problemas y que únicamente se deja ver y fotografiar en actos blancos y en festejos populares.

Entristece e indigna comprobar que para Zoido no hay vida más allá de la Semana Santa, la Feria, el Rocío, el Corpus o el rodaje de alguna película en nuestra ciudad.

Este alcalde de charanga y pandereta, que enmudece en cada pleno del Ayuntamiento (habrase visto mayor insulto a la democracia) y que, sin embargo, recupera la voz en el Parlamento andaluz, donde paradójicamente suele mostrarse muy parlanchín, es un auténtico bluff y un fraude de los pies a la cabeza.

Zoido debería avergonzarse por el engaño masivo al que sometió a miles de sevillanos hace dos años prometiéndoles cosas, cuyo recuerdo provoca hoy mofa e hilaridad.

¿O es que ya no nos acordamos de la pista de esquí que iba a instalar en Bermejales? ¿O de la rehabilitación de las Naves de San Jerónimo?  ¿O del proyecto Corazón Parque Central María Luisa, que uniría el Prado, los Jardines de Murillo, la ribera del Guadalquivir, los Jardines de San Telmo y los de la Casa Rosa?

Podemos seguir: ¿Dónde está el nuevo pabellón multiusos que tendríamos para el Mundobásket, “como los de la NBA y sin coste alguno para el bolsillo de los sevillanos”? ¿Y qué ha sido de la reurbanización del Canal de la Ranilla, para la que se usaba hasta una foto de Nueva York?

Visto lo visto, no sorprende ni la velocidad con que este Gobierno pierde crédito ante los sevillanos ni el creciente desencanto que cosecha a su alrededor. En este segundo año de mandato, el denominado efecto Zoido ha continuado desinflándose a un ritmo acelerado y va camino de tornarse en defecto Zoido.

Y es que la ciudadanía empieza a cansarse de un Gobierno sin pulso ni iniciativa propia y que, ante los graves problemas que nos acechan (el paro, la vivienda…), se limita a esconder la cabeza y a echar balones fuera, recurriendo a tópicos tan archiexplotados como el de la herencia recibida, la Junta de Andalucía o los imperativos legales.

Veinticuatro meses después de tomar posesión en el cargo, este tipo de excusas ya no valen, por muchos recursos públicos que el PP destine a la propaganda y al márketing. Urge, pues, tomar las riendas del Ayuntamiento de una vez y dejar de vivir del pasado (para lo bueno y para lo malo) y de ejercer la oposición a la oposición. De lo contrario, seguiremos padeciendo la estrategia del cangrejo que ya denunciábamos el año anterior y que, en el ecuador del mandato, parece más vigente que nunca, pues lo único que hacemos es dar pasos hacia atrás sin solución de continuidad.

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0 Responses to “Balance del Grupo Municipal de IU de los dos primeros años del gobierno del PP”



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